El Gobierno Nacional intensifica la preparación frente al Fenómeno de El Niño 2026-2027, mientras las condiciones océano-atmosféricas mantienen activo el evento y las autoridades anticipan que sus mayores efectos podrían sentirse hacia noviembre y diciembre. La Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR) entró en una nueva fase: ya no se trata únicamente de recibir planes de acción de los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD), sino de comprobar en territorio si las medidas previstas pueden ejecutarse ante una eventual emergencia.
En entrevista, la secretaria nacional de Gestión de Riesgos, Carolina Lozano, explicó que la institución mantiene un proceso de revisión técnica de los planes presentados por los gobiernos provinciales y cantonales y, paralelamente, desarrolla una agenda territorial para verificar las condiciones reales de preparación.
“La responsabilidad inicial es de los gobiernos locales”, señaló Lozano, al destacar que la planificación cantonal y provincial constituye el primer nivel de respuesta frente a inundaciones, movimientos en masa, afectaciones a infraestructura y otros eventos asociados a la evolución de El Niño.
De los documentos a la comprobación en territorio.
La SNGR estableció lineamientos estratégicos para que los 246 GAD, 222 cantonales y 24 provinciales elaboren sus respectivos planes de acción frente al evento.
Al cierre del plazo establecido, el 23 de junio de 2026, la Secretaría había recibido 161 planes, equivalentes al 65 % del total. Posteriormente continuó la recepción de documentos y, con corte al 17 de agosto, se registraban 225 planes entregados: 203 cantonales y 22 provinciales.
El proceso, sin embargo, no termina con la entrega del documento. La SNGR mantiene la revisión técnica para determinar si los planes cumplen con los componentes mínimos establecidos: conocimiento del riesgo, monitoreo de amenazas, prevención y mitigación, preparación, respuesta y recuperación.

De los planes revisados, 53 fueron devueltos para que los GAD subsanen observaciones; 10 ya retornaron a la Secretaría con las correcciones correspondientes. Al mismo tiempo, permanecen pendientes de entrega 21 planes: 19 cantonales y 2 provinciales.
Para Lozano, esta revisión resulta determinante porque un plan de acción no puede limitarse a un documento administrativo: debe traducirse en capacidades concretas para proteger a la población.
Por ello, tras la declaratoria de Alerta Naranja, la secretaria ha intensificado sus recorridos por el país, la SNGR había realizado visitas de seguimiento a los GAD de Esmeraldas, Santa Elena, Guayas, Azuay, Chimborazo, Cotopaxi, Santo Domingo de los Tsáchilas, Carchi, Imbabura y Pichincha.
La agenda incluye reuniones con alcaldes y prefectos, inspecciones técnicas y recorridos por zonas identificadas como susceptibles.
“Ya pasó la etapa de planificación”
Durante la entrevista, Lozano ha insistido en que el país se encuentra en una etapa distinta frente a la amenaza.
“Ya pasó la etapa de planificación teórica y recepción de documentos”, sostuvo, al explicar que ahora el Gobierno Central verifica físicamente las medidas que están ejecutando los gobiernos locales.
En territorio, la Secretaría concentra su seguimiento en tres frentes: infraestructura de mitigación, sistemas de evacuación y abastecimiento para la respuesta humanitaria.
Esto implica verificar la limpieza preventiva de quebradas y cauces, el estado de muros y obras de protección, la identificación de alojamientos temporales, las rutas de evacuación y la disponibilidad de insumos y kits de asistencia humanitaria.
En Chimborazo, por ejemplo, la agenda institucional incluyó recorridos por Cumandá, Alausí, Pallatanga, Chunchi y Colta. En Cumandá, la titular de la SNGR inspeccionó sectores afectados por procesos de erosión lateral del río Chimbo y coordinó la evaluación de medidas de protección.
En Guayas, la agenda incluyó reuniones con autoridades locales y actividades de preparación comunitaria en Daule y Guayaquil.

Una amenaza que todavía se está configurando
El escenario técnico mantiene al evento El Niño en condición “Activo”. De acuerdo con el informe técnico ejecutivo ERFEN, persistían condiciones cálidas en el Pacífico, con anomalías de temperatura superficial del mar.
El informe también advertía sobre anomalías del nivel medio del mar cercanas a 30 centímetros en estaciones costeras, una condición que requiere vigilancia debido a su posible interacción con aguajes, oleajes y otros eventos oceanográficos.
La mayor expresión del fenómeno se proyecta hacia noviembre y diciembre de 2026, aunque las autoridades mantienen vigilancia permanente ante la posibilidad de manifestaciones anticipadas.
El escenario no es uniforme para todo el país. La respuesta contempla un enfoque multiamenaza y territorial: inundaciones y movimientos en masa en sectores de la Costa y estribaciones; afectaciones asociadas a oleajes y condiciones oceánicas en el perfil costero; y posibles déficits hídricos en sectores de la Sierra, Amazonía y callejón interandino sur.
Un plan nacional de casi $650 millones
Frente a este escenario, el COE Nacional aprobó el 20 de julio de 2026 el Plan de Acción Nacional ante el Evento El Niño 2026-2027, declarado como prioridad nacional.
El presupuesto consolidado asciende a $649.818.933,46, recursos que ya se encuentran contemplados en la programación institucional de las diferentes carteras de Estado.
La inversión busca fortalecer la capacidad de respuesta de sectores estratégicos y mantener la continuidad de servicios esenciales. Entre las prioridades se encuentran salud, infraestructura vial y telecomunicaciones, educación, asistencia humanitaria y protección social.
La lógica del plan es preventiva: intervenir antes de que los impactos alcancen su máxima expresión y mantener operativas las instituciones encargadas de responder ante una emergencia.

La alerta ya es naranja
El cambio de Alerta Amarilla a Alerta Naranja, comprende 17 provincias, 143 cantones y 491 parroquias priorizadas por su mayor susceptibilidad frente a posibles impactos relacionados con El Niño.
Para la Secretaría, la alerta no significa que todos esos territorios enfrentarán necesariamente el mismo nivel de afectación. Implica, en cambio, elevar el nivel de preparación y acelerar las medidas preventivas.
En este contexto, la responsabilidad se distribuye entre los diferentes niveles de gobierno. Los GAD deben contar con planes operativos y capacidades locales, mientras el Gobierno Nacional articula recursos, asistencia técnica, monitoreo y respuesta interinstitucional.
La prevención también se juega en las comunidades
La estrategia nacional incorpora además un componente comunitario. La SNGR articula acciones con 1.200 comités comunitarios, más de 1.000 voluntarios de Protección Civil y el programa Jóvenes en Acción, mediante el cual se fortalecen conocimientos de preparación y respuesta.
La capacitación incluye medidas como limpieza preventiva de alcantarillas, elaboración de planes familiares de emergencia, identificación de rutas de evacuación y preparación de viviendas.
La premisa es que la gestión de riesgos no empieza cuando ocurre una emergencia, sino mucho antes.
Por ello, Lozano ha insistido en la necesidad de que la ciudadanía consulte únicamente información proveniente de fuentes oficiales y evite reproducir contenidos no verificados en redes sociales.
El desafío: llegar preparados antes de las lluvias
Con El Niño activo, Alerta Naranja vigente y un escenario de mayor impacto proyectado hacia finales de 2026, la principal carrera de la gestión de riesgos ocurre ahora.

La SNGR deberá completar la revisión de los planes pendientes, acompañar a los GAD que deben corregir sus documentos y verificar que las medidas anunciadas estén realmente operativas.
El reto no está únicamente en contar cuántos planes fueron entregados, sino en determinar cuántos están técnicamente validados y, sobre todo, cuántos pueden convertirse en acciones concretas cuando llegue la lluvia.
Ese es precisamente el cambio de etapa que plantea Carolina Lozano: pasar de la planificación escrita a la comprobación en territorio.
Porque frente a un fenómeno cuya mayor expresión todavía está por llegar, la prevención se mide menos por lo que está escrito en un documento y más por lo que está listo para funcionar cuando la emergencia ocurra.