Cada 21 de julio se conmemora el Día Mundial del Perro, una fecha que invita a reflexionar sobre una realidad que continúa afectando a miles de animales: el abandono. Aunque esta problemática es global, en Ecuador mantiene cifras preocupantes y representa un desafío que va más allá del bienestar animal, pues también tiene implicaciones para la salud pública y la convivencia en las ciudades.
Barinia Cadena Le Dizes, docente de pregrado y posgrado de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), máster en Bienestar Animal y miembro de la Asociación Ecuatoriana de Bienestar Animal (AEBA), explica que el abandono de perros responde a una combinación de factores económicos, sociales y culturales. La pérdida de empleo, el costo de mantener una mascota, la falta de esterilización, las mudanzas, los cambios en la dinámica familiar y las adopciones impulsivas son algunas de las principales causas que terminan dejando a miles de animales en condición de calle.
La especialista señala que, en muchos casos, los perros ingresan al hogar como un símbolo de compañía, pero son abandonados cuando requieren mayor inversión de tiempo, dinero o cuidados. A ello se suma una baja cultura de tenencia responsable y la persistencia de decisiones motivadas por la apariencia del animal, como preferir determinadas razas o abandonar mascotas que crecen más de lo esperado o desarrollan enfermedades.
Las consecuencias trascienden al propio animal. Los perros abandonados enfrentan desnutrición, estrés, enfermedades y dificultades para ser adoptados nuevamente. Al mismo tiempo, el incremento de animales en situación de calle favorece la transmisión de enfermedades zoonóticas, aumenta el riesgo de accidentes de tránsito, genera conflictos en la convivencia urbana y sobrecarga la capacidad de refugios y servicios municipales.
Cadena explica que este problema debe entenderse desde el enfoque de «Un Solo Bienestar», que reconoce la estrecha relación entre el bienestar animal, la salud humana y el entorno. Desde esta perspectiva, el abandono no afecta únicamente a los perros, sino que también tiene repercusiones sociales, sanitarias, económicas y ambientales para toda la comunidad.
Para revertir esta situación, la docente considera que las soluciones deben ir más allá del rescate de animales abandonados. La educación sobre tenencia responsable, las campañas permanentes de esterilización, el acceso a servicios veterinarios y la aplicación de la normativa vigente son herramientas fundamentales para prevenir el abandono y reducir la sobrepoblación canina.
Además, recuerda que asumir la responsabilidad de un perro implica mucho más que brindarle alimento. Su bienestar depende de una atención integral que incluya una nutrición adecuada, un ambiente seguro, controles veterinarios periódicos, ejercicio, socialización y un entorno que favorezca su equilibrio emocional. Estos aspectos permiten prevenir enfermedades, mejorar su comportamiento y fortalecer el vínculo entre el animal y su familia.
En el marco del Día Mundial del Perro, el llamado es a promover una cultura de corresponsabilidad. Adoptar un animal significa asumir un compromiso que puede extenderse por más de una década y que requiere planificación, cuidado y respeto. Más que un problema de animales en la calle, el abandono refleja el nivel de compromiso que la sociedad mantiene con quienes dependen completamente del ser humano para su bienestar.